El futuro es hoy

Los que peinamos canas (o tenemos más años que los rodapiés de la Alcazaba) recordamos cómo fantaseábamos, allá por los años 80-90, sobre el aspecto de los coches del futuro.
El cine ha influido mucho en aquellas expectativas y nos ha hecho pensar que el mismísimo 31 de diciembre de 1999, cuando Ramón García terminara de dar las campanadas y entráramos en el 2000, empezaríamos a pilotar automóviles voladores con formas aeronáuticas.
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Siendo realistas, películas como “Regreso al Futuro”, “Yo Robot”, “El Quinto Elemento” o “Minority Report” han hecho flaco favor a aquellos que pensaban pasar directamente de conducir un Opel Corsa a zigzaguear entre el tráfico aéreo vestido de papel albal.
Incluso series de televisión como “El coche fantástico” nos ilusionaban con debatir con nuestro parlanchín medio de transporte sobre lo que están tardando los políticos en formar gobierno o el penalti que no se pitó en el último partido de La Liga.
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Los cambios de siglo siempre han traído profecías y han supuesto una enorme desazón para el ser humano. Los visionarios del pasado milenio hacían cábalas sobre las prestaciones que podrían alcanzar los automóviles de la nueva década e imaginaban unos engendros mecánicos con más tonterías que el coche del “Inspector Gadget”.
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Hemos pasado la barrera del siglo XXI hace 19 años y seguimos sufriendo atascos, teniendo que cambiar ruedas tras el clásico pinchazo, haciendo cedas el paso y aparcando apoyando la mano en el asiento del copiloto mientras apretamos los dientes por si rozamos la chapa de otro coche.

Pero lejos de caer en la decepción, sería conveniente echar la vista atrás para hacer balance del brutal cambio que han sufrido los automóviles en apenas 20 años. Es posible que no seamos conscientes de la velocidad con la que avanza la tecnología en los automóviles: cada 3-4 años de media los fabricantes renuevan sus modelos añadiendo nuevos adelantos y soluciones vanguardistas para hacer más placentera y segura nuestra experiencia al volante.
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Ya; no conducimos con cascos de colores chillones ni nuestro coche desprende aceite para librarnos de ese enemigo que nos persigue a toda velocidad…sin embargo, estamos a eones de tiempo de las máquinas de hace un par de décadas. Pensad por un momento la diferencia entre un automóvil de 2016 y el que tenía vuestro padre cuando erais niñ@s.

Bajo estas líneas tenéis el aspecto de un turismo medio de 1996. Aunque su forma general no haya sufrido una transformación drástica, si recordamos la tecnología que incorporaban estos coches y la manera en que se conducían entonaremos la tonadilla de Presuntos Implicados: “cómo hemos cambiado”
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Cualquier compacto de hoy en día incorpora un arsenal técnico que supera con holgura al que integraban autos de lujo de hace relativamente poco.
Lejos queda ya el Renault 25 de 1990, el coche que hablaba. El R-25 locutaba con “voz macarrónica” cuando dejábamos una puerta abierta y hacía que la gente se quedara boquiabierta al escuchar sus parcos mensajes pregrabados.
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Antes que aparezca una mujer con un botella de lejía y el pelo blanco llegada del futuro, repasemos los avances que están presentando los vehículos del presente; vehículos donde cada vez es más inherente Internet.

No para de aumentar el número de coches de alta gama que sustituyen sus paneles de instrumentos por pantallas TFT completamente personalizables como un videojuego. Éstas permiten variar su aspecto e integrar la información del navegador y de distintos parámetros de la conducción.
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La actual generación del BMW serie 7 es capaz de aparcar sin su conductor en el interior. Puede maniobrar dirigido desde la llave para facilitar la salida y entrada de aparcamientos angostos.
Y es que la susodicha llave incluye un pequeño display desde el que podemos acceder a distintos datos del coche como: nivel de gasolina, encender las luces a distancia e incluso calentar el asiento antes de sentarnos en las frías mañanas de invierno. ¡Brujería!
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Algo por el estilo adoptan los Range Rover de nuevo cuño. El opulento todoterreno inglés puede ser guiado desde el exterior con un smartphone para afrontar maniobras peliagudas sin ningún riesgo. Eso sí, no podremos rebasar los 6 km/h de velocidad máxima.
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El grupo Jaguar-Land Rover es de los más comprometidos en materia de innovación orientada a la seguridad.
Se encuentran trabajando en un proyecto de realidad aumentada que pretende eliminar los ángulos muertos, convirtiendo nuestro parabrisas en una gran pantalla. Su misión será múltiple: proyectar información, avisarnos de la presencia de peatones y ver a través de los pilares cualquier peligro potencial…ni James Bond soñó con tal despliegue de gadgets.
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También nos han maravillado con la función ‘Transparent Trailer’, por la cual el conductor podrá ver lo que sucede a través de la autocaravana. Os sonorá igualmente los nuevos camiones que permiten ver desde la parte trasera de su remolque lo que ocurre más adelante, un invento que salva vidas.
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Algo más mundano puede parecer la ayuda que nos ofrece Ford en sus recientes productos. Se trata de la apertura remota del maletero moviendo el pie por debajo del parachoques trasero (pese a que se ha generalizado, el Kuga fue el primero en estrenarlo). De esta forma, si vamos con las manos cargadas, tendremos más facilidad para acceder a la zona de carga.
Se acabaron los malos ratos y los sudores de manos para las personas que se angustian al aparcar. La marca del óvalo azul ofrece a sus clientes la tecnología Park Assist, por la cual el coche busca él solito el hueco y maniobra automáticamente como por arte de birlibirloque.
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A ninguno nos sorprende adquirir un vehículo que equipe tanto el sistema de reconocimiento de señales de tráfico, sensores de alerta de cambio de carril, frenada automática para evitar colisiones, la ayuda de arranque en pendiente o los faros matriciales del nuevo Astra. Unos grupos ópticos que encienden o apagan diodos para iluminar el área que marca la trazada y no deslumbrar a los vehículos que circulan en sentido contrario.
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Desde 1997 Toyota ha apostado sin tapujos por las mecánicas híbridas. Su embajador ha sido el Prius, concebido desde sus inicios para defender la ecología y la economía combinando un motor de combustión con otro eléctrico. En 2017 aparecerá una versión enchufable con una autonomía superior a 50 km, 135 km/h de velocidad y un consumo de 1,4l/100 km.
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Una senda en busca de combustibles alternativos que tiene su máximo exponente en los eléctricos. El abanderado de estos pioneros “con chispa” es el Nissan Leaf, activo oponente del petróleo que ha conseguido numerosos galardones por su incesante progresión en este terreno.
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Hasta el icono de Volkswagen ha sucumbido a los encantos de una versión eléctrica con el e-Golf, un compacto con “mucho enchufe” para seguir triunfando en el segmento C.
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Podemos afirmarlo alto y claro: el futuro ya está aquí. Los automóviles de nuestra época han conseguido transformar la manera de conducir. En estos lustros los coches han cambiado más que en los 100 años anteriores tanto en diseño, eficiencia, infoentretenimiento, seguridad y prestaciones. Estamos irremediablemente abocados al coche autónomo, que será la siguiente escala evolutiva en la metamorfosis del mundo de las cuatro ruedas.

Recientemente un abogado americano ha salvado su vida merced al sistema de conducción autónoma de un Tesla.
Tras sufrir una embolia pulmonar, el letrado indicó al sistema que lo llevase a un hospital antes del perder el conocimiento. ¿Podría ser parte del guión de un film? No, es una realidad.
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Asimismo, coincidiendo con su centenario, la firma bávara BMW mostró su interpretación del automóvil que disfrutarán nuestros nietos. Se trata del prototipo Next 100 Concept , un derroche de imaginación acicalado con formas orgánicas, una conectividad constante e inteligencia digital por doquier. Cobra especial relevancia la cabina, ideada para ofrecer un elevado confort a sus ocupantes, puesto que será una máquina que se maneje sola.
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Un interrogante se plantea llegados a este punto: ¿dejaremos de divertirnos al volante en los próximos 100 años con la llegada de los vehículos autónomos? Si así fuera, deberíamos conjugar el verbo conducir en un futuro imperfecto. Para averiguarlo tendremos que encender el ‘condensador de fluzo’ y viajar al mañana para responder esta cuestión.

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