SEAT y la Costa del Sol

Si hay una marca automovilística que ha homenajeado a Málaga y su provincia ésa ha sido la Sociedad Española de Automóviles de Turismo materializado en medio de transporte.
Fundada en 1950 en nuestro país, SEAT comenzó fabricando coches bajo licencia Fiat. Sus primeros modelos fueron designados con números que solían hacer referencia a su cilindrada: los 600, 850, 1200 sport, 1400, 1500, 1430 son buena muestra de ello. Con la llegada del 124 se empezó a nombrar a los coches con el código numérico del proyecto, los ejemplos son abundantes (pechá que diría un oriundo): 126, 127, 128, 131, 132 ó 133.

Fue a partir de 1979-1980, tras su escisión de Fiat, cuando la firma española decidió abandonar la denominación numeral y recurrir a palabras, todavía bajo el amparo de la factoría turinesa. El versátil y polivalente Ritmo estrenó la susodicha tendencia hace ya 37 años, le siguieron el lúdico Panda y el Fura.
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A partir de entonces, el constructor español tomará una decisión que forjará una de sus señas de identidad más patriotas: apellidará a sus automóviles honrando a las localidades españolas (con la excepción del Mii y el Exeo).

Málaga ha sido la ciudad que más nombres ha dado a vehículos de SEAT. De las 11 designaciones topográficas usadas por la marca hispana, 3 son poblaciones malagueñas. Y es que las urbes malacitanas evocan belleza, luz, alegría, sol, optimismo y toda una serie de valores que otorgan valor añadido a los automóviles de Martorell.

Los responsables de marketing de la firma de la ‘S’ reciben miles de peticiones de los alcaldes de nuestro país para que su región se inscriba sobre el portón trasero del último lanzamiento de la filial de Volkswagen. Sin embargo, la sonoridad del nombre tiene un valor fundamental en la decisión final, puesto que debe ser fonéticamente agradable y fácil de pronunciar en cualquier idioma. Es una condición sine qua non para evitar juegos de palabras con connotaciones negativas que perjudiquen la imagen del vehículo.

Por este motivo, candidaturas como la de Palma de Mallorca fueron descartadas para evitar chistes fáciles como “este SEAT la palma “.

Sin más dilación descubramos cuáles son los SEAT más malaguitas. Aquellos embajadores motorizados de la tierra de Antonio Banderas, Picasso, Manuel Alcántara, Pepa Flores, Antonio Molina, Pablo Alborán, Chiquito de la Calzada, Dani Rovira, Isco o Hierro.
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SEAT Ronda; en el año 1982 se presentó el Ronda, la evolución del Ritmo y pionero en lucir la denominación de una localidad ibérica. Este “Ritmo 2.0” nació con polémica ya que, tras su ruptura con Fiat, los transalpinos exigieron a su ex-socio español diferenciar claramente sus gamas de automóviles. Tras la demanda, SEAT tuvo que presentar en el Tribunal de la Haya un Ronda totalmente negro con todas aquellas partes que lo distinguían de su hermano de Fiat pintadas en amarillo.
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Finalmente los jueces desestimaron la petición de los itálicos y autorizaron su exportación al extranjero. El Ronda resistió cual bastión, como la serranía que le da nombre, hito fundamental que permitió la supervivencia de SEAT.

Respecto a su predecesor, el Ronda sustituyó los faros redondos por otros rectangulares, modernizó sus paragolpes y fue el primer modelo en incorporar el Ecotronic, un ordenador de a bordo destinado a menguar el consumo de combustible.

Su producción se prolongaría hasta 1986, cuatro años en los que el compacto publicitó a la milenaria ciudad del Tajo por todo el mundo con sus 177.738 unidades vendidas.
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La versión más radical se conoció como Crono, con una mecánica de 2 litros y 120CV fue el precursor de los actuales Cupra y de las competiciones monomarca.
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El SEAT Málaga; diseñado por Giugiario se postuló como variante 4 puertas del Ronda allá por 1985. Esta berlina, que acuñó como apellido la capital de la Costa del Sol, destacaba por su enfoque familiar sin concesiones y un amplio maletero. Fue presentado bajo el eslogan “lo más grande de SEAT”, puesto que era el sedán referente de la marca española desde el 131 Supermirafiori.
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El Málaga fue un modelo de transición entre la escisión de Fiat y la compra de SEAT por el Grupo Volkswagen en 1986. Permaneció en el mercado hasta el año 1991, fecha en la que sería sustituido por el Toledo (ya rubricado con el marchamo VAG).

La alianza de SEAT con Porsche permitió al Málaga el empleo de mecánicas ‘System Porsche’, afamadas por su dureza y su escasa frugalidad a partes iguales. Su abanico de potencias se desplegaba desde los 63 a los 85CV en gasolina y 55CV para la opción diésel.
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En 1987 surgió la versión deportiva ‘Injection’ con un propulsor de 1.5 litros que erogaba 100CV, convirtiéndole en el primer coche inyección de SEAT. Estéticamente era ‘muy perita’: aderezado con ribetes rojos por toda la carrocería, llantas de aleación específicas, un pequeño alerón trasero negro e instrumentación con relojes anaranjados.
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Como anécdota cabe reseñar que el Málaga fue comercializado en Grecia como SEAT Gredos, puesto que Malaka es una palabra malsonante en el país heleno.
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Poco o nada tenían que ver el lujo y la ostentación de Marbella con el utilitario homónimo. El SEAT Marbella llegó en 1986 con la ardua misión de hacer olvidar al sempiterno Panda. Inmersa en la citada guerra fratricida con la Fabbrica Italiana Automobili Torino, SEAT se apresuró en realizar la cirugía estética a la práctica totalidad de su catálogo automovilístico.
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El Marbella recibió un rejuvenecimiento facial propio de la jet set que incluyó: faros más expresivos de mayores dimensiones, frontal inclinado, un interior actualizado y propulsores más capaces. Seguía la línea espartana de su progenitor el Panda, manteniendo intactas sus virtudes de coche robusto, sencillo y jovial. Bondades que le permitieron eternizarse 12 años en los concesionarios hasta la llegada del Arosa en 1998, siendo uno de los coche más rentables para SEAT.
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Para ser rigurosos la denominación Marbella fue el acabado más fastuoso del Panda años ha. El SEAT Panda Marbella se remonta a 1983 y difería de las versiones más modestas por una calandra negra, faros antiniebla, tapicería específica y asientos más confortables. Rebatía aquel dicho que afirmaba: “tienes menos detalles que el salpicadero de un Panda”.
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Sin lugar a dudas, son los SEAT más boquerones. Los adalides de la tierra de la biznaga, el espeto, el eterno verano, las interminables playas, los museos y los verdiales.

Máquinas inspiradas por la elegancia de calle Larios, el trotar danzado de los caballos andaluces de la Goyesca o el atardecer que recorta la amurallada silueta de la Alcazaba cada vez que se oculta el sol.
Una estampa que embaucó a fenicios, romanos, pueblos germanos, árabes, católicos y alimentó los prolíficos versos del poeta Ibn Gabirol.
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SEAT y Málaga tienen como nexo de unión la cultura mediterránea. El mismo Mare Nostrum de la Costa Dorada besa las orillas de la Costa del Sol meciendo la jábegas con su carácter abierto y cosmopolita.

A día de hoy tres son los coches que han enarbolado la bandera malagueña por los cinco continentes: Ronda, expresión de señorío y majestuosidad. Málaga, sinónimo de calidez y simpatía. Marbella, reflejo de juventud y diversión… y si la factoría afincada en Martorell decide bautizar a un cuarto modelo con una ciudad malacitana que así SEAT.

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