Blanco que te quiero blanco

Que las modas cambian con el tiempo y ‘para gustos están los colores’ son dos frases hechas que se convierten en axioma al hablar de las tonalidades de los automóviles. No se conoce prodigio igual al auge del color blanco.
Podría tratarse de un fenómeno paranormal analizado por Iker Jiménez y su nave del misterio, quizás un enigma sin resolver digno de los agentes Mulder y Skully, o bien un capítulo de ‘Bones’. La cuestión es que nos encontramos ante el asombroso esplendor de los coches en blanco.

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El Range Rover Evoque es el blanco de todas las miradas allá por donde pasa.

Reconozcámoslo: es un hecho imparable. Estamos siendo testigos de un momento de bonanza para la tonalidad más básica de la paleta de colores de cualquier fabricante. El blanco se ha puesto de moda en: utilitarios, SUVs, deportivos, berlinas, todoterrenos, compactos…y todo tipo de artefacto con ruedas (y sin ellas). Cada vez son más los que entran al concesionario practicando el ‘tiro al blanco’, decantándose por el tono níveo.
Un suceso absolutamente asombroso y digno de estudio, más teniendo en cuenta los antecedentes que os voy a relatar.

Intentaré no quedarme en blanco y remontarme a los años 1970, 1980 e incluso los 90.
Son décadas en las que los coches se venden en todo tipo de colores, aunque triunfan los tonos clásicos de siempre. Podemos definirlos como el ‘fondo de armario’ de cualquier marca; esto son: negro, rojo, plateado y alguna excentricidad como dorados, amarillos o naranjas.
En esta época el blanco podría considerarse un color ‘marginal’. Es una tonalidad que se asocia a lo simple, lo insulso, lo insípido y lo soso. Es elegido por aquellas personas que no quieren hacer un dispendio excesivo en elegir el aspecto de su vehículo: bien porque no les llega el presupuesto o porque prefieren invertir el dinero en un modelo superior sacrificando pagar la opción ‘superflua’ del color.

El blanco, en la automoción, se asociaba a: ambulancias, coches de policía, vehículos comerciales, furgonetas o taxis. Automóviles impersonales, a los que sus dueños no prestaban especial atención a su estética.

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Los cuerpos de seguridad se fijaron enseguida en el 124D para motorizar su parque móvil por sus prestaciones y economía. Esta versión familiar fue apodada ‘la lechera’ por razones evidentes.

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El Seat 131 Panorama se presentó en 1975 y, un año después, fue elegido para patrullar las calles. Sus cualidades primordiales eran la habitabilidad y la dureza. Continuó con el mote lácteo del 124.

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La cruz roja era el único elemento que mancillaba la carrocería de las ambulancias en los años 70-80.

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Muchas ciudades españolas cuentan con taxis de color blanco acompañados de una franja de color.

Como diría Matías Prats: “permíteme que insista“. Aunque esa persona se hubiera comprado el coche más equipado del mundo daba la impresión que, si no lucía un tono plateado, había querido ahorrar en la pintura. Una especie de ‘quiero y no puedo’. En las conversaciones de rellano se criticaba a estas personas por pagar grandes cantidades monetarias en un vehículo y no haber sido capaz de pagar un poco más por un ‘color decente’.

En los 80-90 las firmas de coches mostraban en sus catálogo un despliegue cromático en el que había que desembolsar un sobrecoste por las pinturas metalizadas, mientras que el blanco era gratuito.
Eran los propios fabricantes los que daban a entender que ‘la ausencia de color’ no era digna de cobrarse. Por lo tanto, relegaron al blanco al tono ‘pobre’ o desvalorizado. La únicas ventajas que argumentaban sus poseedores es que disimulaban mejor la suciedad y eran más frescos en verano.
¿Hubo excepciones? evidentemente sí…en los deportivos. Volkswagen quiso vincular el color blanco al Golf más prestacional, el GTI. Dede 1976 que apareció el Mk1 las siglas GTI han ido indisolublemente aparejadas a una carrocería blanca rodeada por un ribete rojo.
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El Ford Fiesta XR2 Mk II se pintó con los mismos colores de guerra, allá por 1983, para consolidarse como el Fiesta más atlético con 96 CV.
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En la categoría de mito se encasilla uno de los iconos más fascinantes: el Porsche 911 Carrera 2.7 RS de 1973, un Gran Turismo de carreras homologado para carretera. Estaba recubierto de color blanco “Grand Prix”, empleando unas inscripciones en los laterales del coche en rojo, azul o verde , de forma opcional, a juego con las llantas.
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La decoración heredada de la competición sentaba de maravilla al emblemático Lancia Delta Integrale Martini. ¡Que vuelva pronto!
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Tras estas rara avis, cabe mencionar que los noventa fueron años dominados con mano férrea por el gris metalizado. La mayoría de ventas de automóviles eran de ese tono en sus distintas variantes (gris más claro o más oscuro). Quizás esta saturación provocó cierto cansancio entre los conductores.

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El gris plateado se convirtió la opción preferida durante los años 90. Una apuesta segura.

Ahora bien, el informe anual ´Tendencias de color’ (publicado desde 1953) lleva registrando al blanco como pintura favorita, a nivel mundial, desde 2011 ininterrumpidamente.

Llegados a este punto nos preguntamos: ¿en qué momento ha llegado a ser el tono más demandado por los consumidores de todo el mundo?
Los ‘malvados-as’ pensaréis que Iniesta popularizó el blanco cuando la Selección Española ganó su primer mundial en 2010 😛

Quizás la respuesta se halle en que los automóviles actuales han prescindido de los vetustos parachoques negros y sus depurados diseños (integrando como un todo la carrocería) lucen mejor sus líneas con el tono de la nieve. Hay menos contrastes de tonalidades y el blanco se mimetiza con el resto de chapa, creando una estampa atractiva.

Sin embargo, el verdadero revulsivo llegó de la mano de Apple. El fabricante estadounidense cobró una inusitada relevancia a principios de 2000 con la irrupción de los iPhone, iPod y, posteriormente, iPad.
La poderosa maquinaria de marketing de la marca de la manzana consiguió asociar sus exitosos y avanzados productos al color blanco. Este tono pasó a identificarse con tecnología, pureza, simplicidad, limpieza y minimalismo (en el buen sentido del concepto).
Los coches blancos ya no eran identificados con lavadoras, neveras o lavavajillas. Resultaban sofisticados, elegantes y vanguardistas.
iipInesperadamente, los de Cupertino habían conseguido revertir la moda y lograron que su identidad visual repercutiera en la industria automovilística. A fin de cuentas, el coche es un objeto más que define la personalidad de su dueño y transmite valores emocionales.

El boom del blanco es hoy en día incuestionable. Hasta tal extremo que se ha convertido en el color más caro en las opciones de muchas marcas debido a su gran demanda. No solo eso, se han creado distintas gamas de blanco como: glaciar, perlado o classic.

El apogeo de los híbridos ha permitido que, factorías como Toyota, hagan del blanco el embajador de su gama de ecológicos. Este tono expresa la pulcritud y la carencia de contaminantes que la marca japonesa quería transferir a sus automóviles más respetuosos con el medio ambiente.
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Y por ende, el resto de fabricantes de anexionaron a esta ‘fiebre albina’ para sus versiones más eficientes. Por ejemplo, Ford también apostó por fusionar su Mondeo Hybrid con el ‘blanco platinum’.
mondeoNissan se decantó por el azul para representar a su eléctrico Leaf (otra tonalidad que evoca la pureza y la naturaleza ). Aunque, a la postre, tuvo que claudicar y lo exhibe ataviado en blanco en muchas campañas publicitarias. Un valor seguro tanto en nuestra vestimenta como para nuestro coche.
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Otro tanto sucede con las series especiales relacionadas con las nuevas tecnologías o el infoentretenimiento, como la CONNECT de Seat. Un tono inmaculado cubre a todos sus modelos de esta edición.
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Lejos de nuestras fronteras, en el país del Sol Naciente el blanco es considerado un color bendito. Su naturaleza sagrada simboliza: alegría, vida y felicidad, siendo uno de los pigmentos de la bandera de Japón.
Al igual que Ferrari hace gala del rojo como tono de marca; Lamborghini y Renault el amarillo; Jaguar y Land Rover el verde; Infiniti el púrpura; McLaren el naranja; Ford y Subaru el azul…las firmas asiáticas Nismo y Honda se decantan por la neutralidad del blanco.
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Todo llega y todo pasa: no olvidemos que las tendencias son pasajeras y, dentro de unos años, otro color se convertirá en ‘el blanco’de las preferencias de los conductores.
Mientras tanto, lo mejor será que sigamos deleitándonos de ese blanco objeto del deseo.

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