El Club de los 400

Casi desde el inicio del automóvil el hombre ha sentido una especial fascinación por la velocidad. Pese a que, en los albores de la automoción, los vehículos ofrecían unas prestaciones modestas y simplemente pretendían trasladarnos de un punto a otro, el ser humano aspiraba alcanzar prestaciones más elevadas.
A veces con el objetivo de cubrir trayectos en menos tiempo, pero otras con la irracional intención de disfrutar de la velocidad inyectando altas dosis de adrenalina en el flujo sanguíneo.
Disfrutar de la conducción a unas velocidades que escapan a las leyes físicas de nuestro organismo, reservada a aves rapaces, poderosas máquinas o seres de otro mundo. El Hombre ha anhelado romper con las limitaciones y experimentar sensaciones que, quizás no le correspondían, por su simple morfología.
Este afán de derrocar límites ha impulsado la creatividad del ser humano para crear ingenios, cada vez más sofisticados, que traspasen la barrera de lo establecido.

El ingeniero belga Camille Jenatzy (apodado el Diablo ) fue el primero en alcanzar los 100 km/h a bordo de su “Jamais Contente” en 1899.
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Ya en 1906 el norteamericano Fred Marriott, con un automóvil a vapor, superó los 200 km/h.
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Poco hubo que esperar para llegar alcanzar los 326 km/h, concretamente el británico Henry Segrave lo consiguió en 1927 con su Sunbeam.
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De igual modo, los superdeportivos de calle siempre han mantenido esa carrera contra la ecuación “velocidad=espacio/tiempo”.
Si en 1984 los Ferrari Testarossa o los Lamborghini Countach coqueteaban con los 290 km/h, en 1987 los Ferrari F40-Porsche 959 superaban los 320 km/h.

En nuestro tiempo esa cifra ha llegado a los 400 km/h. Un selecto club de hiperdeportivos han conseguido lo impensable, llegar a velocidades propias de medios de transporte que no tocan el asfalto.
El halcón peregino era el único ser, sobre la faz de la Tierra, capaz de experimentar velocidades cercanas a 400 por hora volando en picado.
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En este post vamos a conocer a esos elegidos, esas máquinas superiores que han llegado al culmen del automóvil…aquellos a los que llamaremos: ‘el Club de los 400’.

Mucho más que un medio de transporte, nos enfrentamos a una élite de vehículos superlativos diseñados para gobernar al resto de mortales. Coches que, desde su aparición, forman parte de la historia del automóvil por sus cifras de potencia. Deportivos que presumen de contar con un millar de caballos o una velocidad que duplica a la de cualquier vehículo de calle.

Citius, altius, fortius (más rápido, más alto, más fuerte) la locución latina ideada como lema de los Juegos Olímpicos sirve de inspiración para esta raza de devoradores de kilómetros.

Presumen de diseños musculados (rozando la vigorexia), cincelados por el viento. Pareciera que el mismísimo Eolo se hubiese encargado de esculpir sus formas, cual artesano, para atravesar el aire como un estilete. Cada milímetro de su carrocería, cada entrada de aire, cada spoiler trabaja individualmente con el fin de conseguir un conjunto armónico y perfecto. La consecución de la ingeniería aeronáutica trasladada a las 4 ruedas.
Poco importan los consumos, la escasez de maletero o la poca practicidad de sus bajísimos chasis pegados al suelo como una lapa…estas máquinas están por encima del bien y del mal. Se erigen orgullosos sobre el resto de automóviles porque han llegado a niveles que el resto ni pueden imaginar.
Si te topas con alguno de ellos ni se te ocurra picarte, solo conseguirás ver sus imponentes traseras alejarse vertiginosamente de ti.

Todo comenzó en 2005 con el lanzamiento del Bugatti Veyron EB 16.4. La marca de origen francés (propiedad del Grupo VAG) pretendía conseguir 4 objetivos: ser capaz de transferir más de 1.000 CV al suelo, alcanzar los 400 km/h, garantizar una aceleración de 0 a 100 en menos de 3 segundos y, sobre todo, compaginar todo ello con un automóvil adecuado para ir a los mejores restaurantes o los espectáculos más exquisitos.
Y lo consiguió con creces, el Veyron volaba a 408 km/h (previa inserción de una llave especial). Contaba con un motor W16, basado en dos bloques de 8 cilindros en V estrecha que arrojaban 1.001 CV.
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Y hablo en pasado porque en 2015 se ha presentado el Veyron Grand Sport Vitesse La Finale. La edición especial que pone el broche de oro a las 450 unidades fabricadas del deportivo bicolor, tras una década de éxitos.
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Su sustituto, previsto para 2016, se denominará Chiron. Se especula con que podría ser híbrido, tener turbos eléctricos, 1.500 CV y plantarse en los 467 km/h. Su aspecto tomará rasgos del Vision Gran Turismo (concept car creado para un videojuego).
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El Bugatti Veyron Super Sport 16.4 es el Veyron supremo. A diferencia de la versión ‘normal’ alcanza los 431 Km/h con un propulsor de 1.200 CV bombeando sin cesar. Se planta en 100 km/h en tan solo 2,5 segundos.
Barra libre de fibra de carbono en toda su carrocería para fulminar los cronómetros.

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Tras el impronunciable apellido sueco Koenigsegg se encuentra su fundador, Christian von Koenigsegg. Un apasionado de los supercoches y la velocidad que lleva desde 1995 desafiando a los poderosos Ferrari, Lamborghini o Bugatti.
En el Salón de Ginebra de 2011 presentó una de sus creaciones más impresionantes: el Koenigsegg Agera R. Sus cifras son mareantes: 1.140 caballos a 7.100 rpm, un par de 1.200 Nm, y una punta de 440 km/h.
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En 2014 el Agera se superó a sí mismo con la versión One:1. El primer megadeportivo según Koenigsegg. Su nombre responde a que su relación entre caballos y kilogramos sea exactamente de 1 a 1; esto es: 1.361 CV para 1.360 kg.
El One:1 fue el encargado de batir el récord mundial de 0-300-0, en unos mareantes 17,95 segundos. Su velocidad se estima en 454 km/h.
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Lo cierto es que Koenigsegg no se da un respiro y en 2015 hemos conocido su última obra de ingeniería: el Regera.
Estamos ante un coche más enfocado al lujo y el confort que los Agera RS y One:1. Se trata de un deportivo híbrido enchufable que eroga 1.510CV, combinando el conocido motor 5.0 V8 biturbo de 1.115 CV y 1.000 Nm, con tres motores eléctricos.  Su principal innovación es que envía su potencia al eje trasero a través de su transmisión Direct Drive, sin caja de cambios.
La velocidad máxima queda establecida en 410 km/h.
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Del otro lado del Atlántico nos llega el Hennessey Venom GT. El rabioso biplaza norteamericano es prácticamente un Fórmula 1 carrozado.
El Venom GT  es propulsado gracias a un V8 biturbo de 7.0 litros con 1.244 caballos de potencia. El pasado año batió al Veyron Super Sport consiguiendo homologar una velocidad de 435 km/h.
Para 2016, Hennessey tiene pensada una evolución que elevará la potencia del bólido yanki hasta los 1.471CV. Presumiblemente llegará a 450km/h.
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Su velocímetro está tarado hasta las 270mph, unos 430km/h

Mas Hennessey no se duerme en los laureles y ya está gestando el sustituto del Venom. Nos referimos al bestial Hennessey Venom F5, limitado a 30 unidades.
La potencia del F5 escalará hasta los 1.419CV con un peso liviano de 1.300kg conseguidos a base de una dieta de aluminio y fibra de carbono. Hannessey vaticina unas marcas de récord, consiguiendo 467 km/h.  Para ello contará con una nueva transmisión automática (de un único embrague) accionada mediante levas en el volante, más ligera que la caja de cambios manual convencional que coserá al F5 al asfalto. ¡Echadle los galgos!
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Acabamos con el SSC Ultimate Aero, uno de los más macarras del club. El modelo de los faros del Ford Focus, ostentó durante largo tiempo el título de coche más rápido del planeta.
En su versión de despedida (XT), contaba con 1.300 caballos percherones capaces de empujarlo hasta los 439 km/h. ‘Casi ná pal cuerpo’.
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Su relevo parece recaer en el SSC Tuatara. Su nombre reptiliano no debe engañarte: apuesta por un motor de gasolina V8 biturbo de 6,9 litros de cilindrada que rinde una potencia de 1.369 CV. Un misil tierra-aire capacitado para rodar a 444 km/h.
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Son los hijos del viento, los dioses de la velocidad. Vehículos que pelean por la supremacía mundial a base de: potencia a raudales, pesos etéreos y la más avanzada aerodinámica.
Todo por ser el mejor, el halcón peregrino de la automoción, todo por reinar en el club de los 400…que, dentro de muy poco, será el de los 500.

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